He ido a demasiadas clases de iniciación, y todavía lo sigo haciendo, para comprobar que en un baile que ha evolucionado de forma fantástica en los niveles superiores, no lo ha hecho en las etapas iniciales del aprendizaje.

No voy a dar nombres ni quiero herir la sensibilidad de los profesores que se sientan identificados con los errores que aquí se citan. Nadie cometió más errores que yo, y descubrir una mejor forma de enseñar me ha supuesto como un cachetazo dejando al descubierto el que estaba utilizando una metodología obsoleta. De ahí en más, con mucho esfuerzo, cambié los esquemas de contenidos, y les presente a la gente nuevos fundamentos, mejorando la metodología e incorporando recursos, con la invalorable paciencia de los alumnos. Si hubiese tenido que esperar al profesional titulado para aprender, primero, no habría llegado nunca, y segundo, su titulación, no habría asegurado la efectividad esperada.

Tuve la oportunidad de comenzar cursos de tango iniciación en incontables ocasiones, por lo que pude añadir cada vez más aspectos a tener en cuenta. Probar, rectificar y comprobar cuál era la mejor manera de acceder al alumno.

Es estrictamente necesario que, desde el inicio, los contenidos a impartir sean funcionales, de inmediata aplicación y que tengan una explicación del porqué se hace. Me hubiera gustado tener desde el principio los recursos con las que ahora cuento (y que son los que transcribo aquí) para disfrutar mejor y llegar antes a los niveles de creación en el tango. Después de andar el camino más sinuoso, lleno de errores, dudas e imperfecciones, me propongo que eso no suceda con la gente que esté a mi alcance.

Tal vez, al haber tanta diversidad de estilos y teorías acordes a cada profesor, la autodidaxis se impone como un arma fundamental para crear las propias explicaciones, en mayor o menor medida fundamentadas.

Creo en la autodidaxis luego de haber probado con variadas teorías. Creo en la lógica de movimiento si se ha tomado el tiempo para estudiarlo. Creo en la búsqueda del método adecuado para aplicarlo a distintos grupos de personas afines a sus intereses. Así es como se va haciendo, lamentablemente, el profesor de tango.

No me he puesto a hablar acerca de las definiciones del tango ni de su historia. No he rellenado páginas con datos bibliográficos. He puesto mi experiencia al servicio de quien quiera nutrirse de ella para generar mejores bailarines.

Si se lee este estudio, a primera vista, parece un planteamiento frío, ajeno a la cantidad de sensaciones que te puede proporcionar el tango. Pero he escuchado a tanta gente que me ha dicho como sienten y como tengo que sentir el tango que hace tiempo que he dejado de escucharles para atenerme a las experiencias personales, que son las que realmente cuentan. Y por esa razón, tampoco les intento explicar a mis alumnos cómo son mis sensaciones ni como tienen que sentir el tango.

Pienso que el profesor es un transmisor de contenidos que tiene que hacerles la vida más fácil a los alumnos, allanarles el camino hacia la lógica de movimiento y economía de esfuerzo. Solo en la comodidad en la relación de los cuerpos, se puede uno abrir para que le invadan las sensaciones. Les puedo aclarar en qué consiste bailar y en qué tienen que prestar atención para poder disfrutar, pero las experiencias personales son absolutamente intransferibles y no hay que condicionar la capacidad de sentir del alumno.