Los tangueros de los últimos 20 años  nos hemos ido contagiando del boom que ha experimentado esta danza en las últimas décadas. Nos caracterizamos por pertenecer a la generación que goza de los privilegios de las tecnologías, de la posibilidad de acceder a materiales culturales a través de Cd, Dvd o libros, o cualquier otro material audiovisual. Que goza de los pasajes lowcost, que nos permiten cruzar los océanos para disfrutar de eventos de tango en cualquier parte de mundo. Que goza de internet, de toda la información que para bien o mal, alimenta nuestros sentidos y nos  acerca incluso a los contenidos imposibles.

Somos de la generación que se nutrió de múltiples tendencias, estilos, básicos, figuras, sistemas, etc. a tal punto, que ya se volvió difícil encontrar el norte a la hora de estructurar un baile tan abierto y tan lleno de posibilidades como el tango.

Al tener acceso a la información de diferentes profesores, ya sea personalmente o a través de medios audiovisuales, influyó positivamente al notar la dimensión de las posibilidades del tango. Aunque cuanta más información adquirimos, también es grande el grado de incertidumbre a la hora de tener una idea clara acerca de lo aprendido.

En gran parte se debe al hecho de que el tango es un baile que no goza de una clasificación de contenidos a nivel internacional, aunque se hayan hecho desde hace mucho tiempo algunos sistemas de enseñanza, con más o menos éxito en su aplicación y posterior efectividad. Como por ejemplo, el conocido básico de los ocho tiempos, el más común, que la gran mayoría de profesores ha utilizado para aprender y que utiliza para enseñar, pero que no utilizan cuando bailan, y que no ha demostrado que en la pista de baile, el bailarín goce de libertad, libre de esquemas (si se comienza por esquemas, es para dejar de usarlos en el futuro).

Es cierto que, para internacionalizar un procedimiento de enseñanza a seguir para un aprendizaje idóneo del tango, que pueda asegurar la adquisición de contenidos desde el inicio hasta los niveles superiores, nos encontraríamos con una empresa muy grande, ya que entre profesores, seudo-profesores, profesionales, oportunistas, sería muy difícil centrar las energías entre todos o entre la mayoría para ponerse de acuerdo en lograr un sistema directo, práctico y sencillo.

Ante un sistema de enseñanza como el de los ocho tiempos, aunque no tenga una completa aplicación práctica en la pista, muchos profesores se aferran de su estructura para encauzar a los alumnos sobre una senda mayoritariamente conocida  (pasando por alto los inconvenientes que puede llegar a tener en el futuro) y de esa manera comenzar una clase sin inseguridades.

Una de las desventajas que posee, es que el primer paso se hace hacia atrás, cuando está claro que para los bailarines bien enseñados a seguir la pista de baile, no miran con buenos ojos a los que sorpresivamente retroceden pisando a nuestra compañera, ya que realizan el primer paso hacia un sitio donde no ven. En este básico, el bailarín no experimenta el caminar hacia adelante con la pareja.

Lo más lógico sería que el hombre avance si tiene la oportunidad, o hacia los costados en el caso de que no pueda avanzar.

Otra desventaja, es que los bailarines recurren demasiado a sus “tics”, y después de haber pasado por él, no dejan de hacer, aparte del paso hacia atrás, el cierre de tres movimientos que hacen hacia el costado (la resolución), quedando como vicio en los bailarines por mucho tiempo.

Y también supongo, que el mal aprendizaje de este sistema, deja aún más dudas, cuando, de prisa, se pasan por alto algunos fundamentos para pasar directamente a las atractivas figuras.