Mediante propuestas sencillas pero adecuadamente conectadas en orden de complejidad

(Allí reside el secreto de la eficacia del método), se puede ir encauzando el aprendizaje.

Propuestas que no son definitivas. Verdades temporales que se irán rompiendo a medida que se logre la soltura y la adquisición de principios básicos en el tango.

El estilo esquemático de enseñanza es rígido en un principio, pero demuestra que con una depurada consecución de contenidos, la eficacia es muy temprana y la sensación de dominio del baile, mucho mayor. 

El enseñar mediante esquemas utilizando el método más primitivo de enseñanza, el comando, es una práctica que en un principio puede ir en contra del carácter improvisado del tango, pero puede generar confianza en el hacer, y un feedback  muy positivo en la percepción del mensaje por parte del alumno.

El colocarse delante del alumnado, para que le sigan como soldados, para que aprendan un esquema de movimiento, tiene un efecto positivo en la incorporación de un contenido definido, que encierra una determinada cantidad de conceptos, dos o tres, los que se puedan llegar a emplear sin tener que superar la capacidad de asimilación del alumno.

El esquema rompe con la posibilidad de improvisación en el tango, pero es un recurso temporal. Cuando el alumno ve materializado un contenido a través de esquemas de movimientos, con un principio y un final, crece la sensación de confianza y predisposición para la asimilación de nuevos contenidos.

El alumno llega del trabajo después de haberse pasado horas en una oficina, estresado, y le estamos pidiendo que piense, sienta y perciba. Que afine sus sentidos y que capte la esencia del tango en toda su pureza.

Cada uno de los tangueros sabe muy bien cuáles son las preocupaciones que nos absorben al principio: no pisar a la compañera, lograr un abrazo confortable y a la vez efectivo a la hora de las marcaciones, encontrar un punto de acuerdo en la coordinación de las piernas, etc.

En cierta forma, lo que a los alumnos realmente les interesa es: ¿Qué tengo que hacer? Tiene que saber qué es lo que tiene que lograr, y, después de ejecutarlo, tener la sensación de que está haciendo, construyendo algo. Y a través de ese algo (figura concreta o desplazamiento), que tiene un norte (línea de baile), le ayudaremos a mejorar el abrazo, el pisar, la coordinación, etc. Mejorarán técnicamente, lo que les permitirá en el futuro una mejor predisposición para el disfrute del baile.

En las propuestas que les suministramos, es importante manejar verdades temporales.

Ejemplo: En la primera clase, en la cual se les enseña a caminar de frente, a arrancar y frenar, les digo que el hombre comienza con la pierna izquierda avanzando y la mujer con la derecha retrocediendo y se cierra con la pierna contraria (Obviamente, hablando en un sistema directo. El sistema cruzado no lo enseño hasta después de varias clases, cuando tengan claro como se estructura el sistema directo). Empleo bloques de cuatro pasos para que comiencen a caminar hacia adelante con la pareja y de esa manera, perder el miedo a pisarse.

Y lo enseño como algo fijo, con la correspondiente explicación lógica del porque se empieza y se cierra de esa manera. Se comienza hacia un lugar donde vemos y se cierra con la derecha, ya que el abrazo del hombre puede contener más en el lado izquierdo de la mujer que en el derecho, por lo cual es más fácil frenar en ese momento que en cualquier otro.

El alumno tiene que tener un concepto atado que le marque un comienzo y un fin de una estructura definida de movimientos para tener la sensación de haber logrado algo.

Cuando ya se ve que no se pisan y que más o menos dominan la situación, se les dice que la cantidad de pasos que pueden realizar es indiferente: 2, 4,6 ,100. Siempre avanzando y cerrando con el pie correspondiente.

Utilizar una verdad temporal que se rompe cuando ya se domina el contenido que se está trabajando, no tiene porqué ser un engaño para el alumno por parte del profesor.

Se manejan unos conceptos férreos y determinantes de cómo se tienen que hacer las cosas, y luego se rompen esos esquemas para internarse en conceptos nuevos, más libres, acordes al tiempo de maduración, de práctica, que posea el alumno.

Al proponer que pueden hacer todos los pasos que quieran, es aplicar un poco el concepto de improvisación. No hay necesidad de abordarla en toda su plenitud.

Después de los pasos iniciales y que nos ponemos de acuerdo sobre qué pie hay que mover dependiendo de la dirección que vayamos a tomar, hay que seguir aportando contenidos para que los alumnos se encuentren motivados a lo largo de ese proceso de aprendizaje.

En las primeras clases, si al alumno lo tenemos gran parte de la hora con un contenido como el caminar hacia adelante, importantísimo pero fatigoso, no solo no logrará mejorar la técnica tal cual se lo pedimos, sino que se aburrirá y se irá de la clase.

El caminar, por ejemplo, tardará varios meses, por lo menos, en adoptar la postura, el abrazo, la posición de los pies y demás aspectos que atañen a la coordinación con la pareja.

Se siguen incorporando contenidos, con mayores niveles de dificultad, pero cuando enseño figuras o desplazamientos, obligo a mis alumnos que después de la ejecución de cada uno de ellos, tienen que caminar una cierta cantidad de pasos hacia adelante, para mantener la fluidez de la masa de gente que cohabita en la milonga. De esa forma, se divierte con contenidos a la par que vamos mejorando la técnica de formas básicas de movimiento.

Van bailando como si de estaciones se tratase. Caminamos, desplazamiento, caminamos, figuras. De esa forma estructuramos un baile, encauzándolo y con variedad.

A medida que se avanza en el aprendizaje, más conceptos se van incorporando, aumentando la capacidad de materializar a cada paso una idea diferente y el nivel de decisión en el hombre (Creciendo el nivel de improvisación). Aunque los hombres lo ven, al principio, como una responsabilidad con respecto a la compañera, no como un concepto de libertad. Esto último se logra cuando se ha conseguido un dominio del baile y se han pasado los niveles iniciales del tango.

Los profesores, les podemos hablar de esa idea de libertad, de improvisación, y el alumno, mientras, nos mira fijamente. Pero él está pensando porque no le salió el último paso, que no ha terminado de asimilar.

Cerrando la idea: les damos a los alumnos propuestas sencillas para que tengan contenido, herramientas para bailar. Todos nos movemos acorde a objetivos. Las órdenes que les suministramos primero, por medio de algo simple como el aprender el caminar, y luego, en forma de figuras son objetivos a corto plazo. La sensibilidad, la captación de la posición de la mujer en sus apoyos, la tensión justa de sus músculos, la imaginación y creatividad, etc. son a largo plazo.

Las propuestas van cambiando a lo largo de las clases. Contenidos nuevos, o incorporando conceptos distintos a los que vimos anteriormente. Cuando perfeccionamos los anteriores, mejoramos la técnica y le aumentamos la cantidad de conceptos que encierra. Las nuevas propuestas les aumenta la capacidad de decisión. Después, el alumno, al ir a bailar, se da cuenta de que la milonga es un lugar donde la gente no se reúne para hacer un cumulo de figuras, sino para disfrutar con esas propuestas y herramientas que les hemos proporcionado. Dependiendo de cómo polarice el aprendizaje o el bailar como un sufrimiento o un disfrute, es la relación que tendrá con este género musical. Los profesores confiamos en que encontrarán el disfrute en lo que hacen, pero eso es estrictamente personal.