Esto es como un árbol, del grueso tronco salen ramas fuertes, que dan nacimiento a ramas cada vez más pequeñas, hasta llegar a las hojas. El tronco estaría formado por nuestro básico por excelencia que es la caminata hacia adelante, junto con los desplazamientos y los conceptos generales de postura, abrazo y pisada. Las ramas fuertes serías los diferentes básicos, las ramas pequeñas las figuras, y las hojas, las diferentes posibilidades dentro de cada figura.

El bailarín tiene la representación mental de la figura. Puede acordarse de un planeo, de una sacada, etc., pero si no da en la tecla del movimiento inicial, no podrá llegar al meollo de la cuestión, donde se encuentra esa imagen que tiene en la cabeza.

Incluso para los bailarines con experiencia, al querer realizar “a vuelo de pájaro”, una visión global de los contenidos para poder estructurarlos, se presentan inseguridades o vacíos, en la estimación de las posibles variantes.

El básico es la puerta de entrada, la llave para entrar a esas figuras, a esa representación mental, a ese contenido.

Existe un arraigo muy grande  al básico de ocho tiempos, por lo que cuesta cortar el cordón umbilical con él.

Son numerosos los bailarines que dicen haber comenzado a aprender con este básico y lo que les ha costado desprenderse de su hermetismo para ampliar la imaginación. Y son numerosos los profesores que utilizan este sistema para enseñar, pero no lo utilizan ellos mismos a la hora de bailar.

En la búsqueda del básico universal, intentamos encontrar esa serie de movimientos iniciales que nos haga entrar de forma directa a las figuras. Eso nos puede representar una empresa imposible.

En otros bailes, como la salsa, está claramente definido el paso básico. Es un baile que se realiza en el sitio, que no sufre las variables del entorno. Y aunque los estilos se diferencian en la ejecución, no se vislumbra que en su paso básico existan modificaciones.

En el tango, estamos en un baile abierto, no solo referido a la situación propia de la milonga, donde hay que buscar sitio para bailar, sino también a la variedad inmensa de figuras, las cuales no tienen siempre un comienzo similar.

Los bailarines de las últimas tres décadas, somos de la generación que ha tomado clases con diversos profesores, cada uno con su propio estilo, sus figuras y sus trucos.

Después de mucho tiempo nos hemos encontrado con numerosas figuras, muy diferentes unas de otras, y que, tal vez, necesitan de más de un básico para su ejecución.

El básico de ocho tiempos, presentado siempre como el básico idóneo para comenzar cualquier tipo de figura, dio muestras de su eficacia, pero tal vez no sea la herramienta útil para la tremenda cantidad de variantes y figuras a las que podemos acceder. Sería mucho más interesante tratar de encontrar unas entradas a figuras (básicos), que representen los movimientos iniciales de esas figuras que iremos a ejecutar.

Pueden ser 5, 6 o 7 formas básicas a partir de las cuales, clasificar las figuras que se van aprendiendo, y que cada una de ellas nazca de su básico correspondiente.

Si existe la posibilidad de trabajar diversos básicos para que las figuras de evidente diferencia en su acceso pudieran clasificarse, siempre será más fácil entrar a ellas. Se podría decir que existen familias de figuras que tienen un mismo comienzo. Cuando nos damos cuenta de ello, estamos ante un básico que podemos utilizarlo como llave para entrar a cada una de sus variantes.

Al comienzo, el alumno aprende la cruzada como medio para que la mujer se coloque enfrente del hombre, pero se convierte también, en el primer paso básico para acceder a figuras. De allí sacamos el cruce hacia adelante, con todas las figuras que conlleva.

Luego se le enseña a caminar con el sistema cruzado (paso cambiado). A través de este, entramos de forma idónea a los cruces hacia atrás de la mujer y sus figuras. No es una variante del básico anterior, sino un básico totalmente diferente que nos abre una puerta distinta a familias de figuras.

Existen otros pasos básicos que sería interesante diferenciar, como el acceder por el lado cerrado de la postura, o el de crear una situación como la que deja la cruzada pero en el sentido opuesto.

Son puertas que se abren a familias de figuras. Conviene definirlos como esquemas básicos para acceso a figuras que poseen similitud en la entrada, algo que les simplificaría a los hombres muchos dolores de cabeza.