Los profesores de Bailes de Salón tienen la ardua tarea de aprenderse los contenidos de diez o más bailes. Pero cuando quieren especializarse en alguno de ellos, generalmente optan por los latinos. Parece que a primera instancia, va a ser más fácil abordarlo y más rentable a la hora de enseñarlo. El público del tango es fanático, pero no numeroso.

Algunos optan, incluso, por no enseñarlo en la clase, ya que llegan a darse cuenta, después de haber observado una autentica clase de tango de algún profesor que maneje bien esta danza, de que no están preparados y que lo que sabían no tiene mucho que ver con lo que están viendo.

La misma dedicación que le ponen al perfeccionamiento del baile latino, se la tienen que aportar al tango. Aunque sea durante algunos meses. La dificultad no está en la exigencia de movimientos complicados, sino que, como en todo baile, se necesita de una serie de contenidos que se correlacionen, que se conecten en orden de complejidad, y que se tenga una idea precisa de cómo se puede aplicar un contenido visto como esquema, una ejecución aislada como una figura, dentro del contexto de la sala de baile.

Dentro de un circuito, la línea de baile.

Y con un objetivo: el enfrentarse con la pareja y caminar alineado con ella. Ese es nuestro básico por excelencia, desde donde nace el tango y donde debe terminar cada figura o desplazamiento.